Los que nos fuimos

11:31:00

Hundida en el síndrome del viajero eterno, de los que una vez se fueron y ahora no saben volver, de los que no saben a qué lugar pertenecen y a qué lugar pueden considerar su hogar.
No es nuevo, esa siempre ha sido mi vida, desde muy pequeña me he movido de una casa a otra, de ciudad en ciudad y nunca he reconocido un "hogar" a la manera mas tradicional, y ustedes pueden pensar "que triste" ¿Dónde quedan entonces esos recuerdos de la infancia y esas marcas en la pared de cuando tenias 4 años? En mi alma que no puede ser destruida por una máquina como si fuera una pared.
Me encanta.






Este último mes lo pasé en México, es la primera vez que regreso desde que me vine a Japón y fue un viaje mucho muy pesado, no solo porque 18 horas de vuelos y cambios de horario hacen mi cuerpo puré si no porque el desgaste mental de volver es indescriptible.
A lo contrario de lo que muchos creen, los que leen mi facebook y mis tonterías impulsivas en mis redes yo adoro México, es mi vida allá la que no puedo tragar, entre la pesada vibra de la casa de mis padres, mi mala salud por la comida local y el ambiente, el enorme estres por vivir insegura  de que en cada esquina algo me pase, la desidia de muchos eventos y cosas ... no puedo ser feliz ahí, no lo fui por muchos muchos años.

Regresar fue una montaña rusa de emociones, abrazar a mi madre después de 4 años, ver a mi perrita que tanto quise, reír con mis viejos amigos y sentir que estaba en una cápsula del tiempo, fue muy extraño y aun no se que decir al respecto.

Tuve momentos de extrema felicidad, tranquilidad y diversión, pero cada respiro no hacía mas que confirmarme mas y mas que yo no pertenezco ahí, fue muy hermoso y emocionante porque sabia que tenia un boleto de regreso, que no estaba mas encadenada ahí, que nada me obligaba a soportarlo y todo era de paso, en unas semanas tomaría ese avión y dejaría todo esto.
Me dejó renovar mi amor por la vida que llevo ahora pues entre trabajo y muchas cosas estresantes a veces a uno se le olvida cuanto ama el presente y tener perspectiva ayuda a recordarlo.

Ahora que estoy de regreso no puedo dejar de ser feliz cada momento, desde que bajé del avión y vi los letreros en japonés, las máquinas expendedoras, los primeros " いらっしゃいませ" mi corazón brilló de nuevo.
Tomar el tren de regreso a casa ver esos hermosos escenarios por la ventana y recibir la primera regañada de un japonés por haber puesto mi mochila en un asiento vacío de entre tantos, todo era perfecto.

México no es reemplazable en mi corazón, Japón tampoco, cada uno tiene su lugar y debido agradecimiento, el que yo no pueda realizarme profesionalmente o tener salud y tranquilidad en la tierra donde nací y lo exprese continuamente sin tapujos no me hace odiarlo o ser mala, lo que odio es que la gente me quiera hacer sentir mal por ello y crean que tengo un deber, obligación y menester de quedarme en ese país y nunca compararlo con nada, mente cerrada puerta cerrada.

Adoro mi vida ahora, adoro a mi esposo mi pequeñita casa, mi bicicleta, mis vestidos que yo misma hice, la comida cotidiana que siempre preparo, mis peluches, mi pequeño rincón donde escribo, pinto y trabajo, el único vecino de todo el edificio que me saluda y los montones de paisajes que puedo ver cada día, amo todo eso y despierto muy feliz cada dia por tenerlo, las quejas diarias no son mas que consecuencias de mi obsesión por decirlo todo, pero creo que yo nunca había sido tan feliz y agradecida.

Ya terminó el viaje y es hora de reanudar todo lo que dejé, a trabajar y seguir disfrutando de todo esto :)

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